LA CHISPA SE CONVIERTE EN LA LLAMARADA Y EL SUEÑO DE LA UNIDAD SE HACE REALIDAD

En el octubre de 1975, el FSLN  por fin podía “anunciar al mundo, al enemigo, a los mediadores que pretendían  seguir  entregando  a  nuestro  país  a  los  explotadores, a las organizaciones de izquierda que habían expresado desconfianza hacia nuestra organización, que la unidad del sandinismo era la respuesta contundente para profundizar la agonía irreversible de la dictadura”.

Este 2 de octubre, 43 años después, queremos recordar al Comandante Guerrillero Carlos Núñez Téllez, arquitecto y padre de la nueva Constitución Política de Nicaragua, compartiendo con los lectores de Barricada el primer capítulo del libro Un pueblo en Armas, escrito por el Comandante Carlos Núñez y publicado por primera vez en el mayo de 1980.

El primer capítulo representa un texto extremadamente actual, donde se nos recuerda la importancia de la unidad para nuestra organización. También queda en evidencia que los círculos reaccionarios de derecha nunca quisieron luchar para la libertad de Nicaragua. Su plan era orquestar un golpe de estado para instaurar “un somocismo sin Somoza”. El FSLN denunció estas maniobras, dando a conocer estos siniestros planes a Nicaragua y al mundo. De esta forma, se evitó el golpe de estado y se preparó el terreno para la insurrección popular que conduciría, tres años más tarde al triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

 

Por la unidad habían caído hacía meses o años nuestros hermanos Carlos Fonseca, Eduardo Contreras, Carlos Roberto Huembes, Pedro  Arauz  Palacios  y  Camilo  Ortega.  En  los  primeros  meses  de  1979  el  ascenso  revolucionario  de  las  masas  era un hecho incuestionable. La formación del Frente Patriótico Nacional,  manifestaciones,  acciones  armadas,  toma  de  iglesias,  fogatas en todas partes, las tomas de Estelí y Jinotega, levantaba en  pie  de  lucha  a  nuestro  pueblo.  Los  esfuerzos  del  sandinismo  por alcanzar la unidad comenzaban a concretarse llevando en su seno  el  reclamo  legítimo  de  un  pueblo  que  aspira  a  contar  con  una  vanguardia  político-militar  única,  capaz  de  conducirlo  al  derrocamiento de la dictadura. La mediación imperialista declinaba  para  encontrarse  con  un  rotundo  fracaso,  las  nuevas  maniobras fraguadas por los círculos más reaccionarios vendrían a encontrarse con una respuesta enérgica de las masas, claramente dispuestas a no dejarse doblegar nunca más por ningún tipo de promesas o prebenda.

La  Coordinación  Sandinista  Nacional  del  Frente  Interno  trabajaba febrilmente en la clandestinidad. Había que darle una sola dirección al movimiento de masas, al Movimiento Pueblo Unido, al mismo tiempo que se trabajaba en la formación del Frente Patriótico Nacional. En marzo de 1979, sus miembros, Clemente (Bayardo Arce), Roque (Carlos Núñez), Simón (Joaquín Cuadra) y Aurelio (William  Ramírez),  nos  encontrábamos  reunidos  en  la  casa  del  doctor  Gonzalo  Ramírez  (actual  embajador  en  Venezuela).  Cada  uno  llevaba  una  copia  del  documento  acordado  con  las  tendencias políticas del Frente Sandinista de Liberación Nacional; por un lado, la integración de la Dirección Nacional Conjunta y la colocación de todas las fuerzas bajo una única y reconocida conducción, y por el otro lado, el comunicado anunciando a nuestro pueblo y al  mundo  la  unidad  total  del  FSLN  para  enfrentar  la  batalla  final  contra el enemigo opresor de los nicaragüenses.

Aproximadamente tres años y cuatro meses habían pasado, desde aquel octubre de 1975 en que estalló la crisis política interna del FSLN. Ahora en esa reunión clandestina, en un marco político tremendamente difícil, con las masas lanzadas a las calles en acciones relámpago, ya bien fuera para atacar o protestar, por fin podríamos anunciar al mundo, al enemigo, a los mediadores que pretendían  seguir  entregando  a  nuestro  país  a  los  explotadores,  a las organizaciones de izquierda que habían expresado desconfianza hacia nuestra organización, que la unidad del sandinismo era la respuesta contundente para profundizar la agonía irreversible de la dictadura, para oponernos a todos los desmanes y pretensiones de seguir entregando la Nación a los intereses extranjeros. Por fin se daban los pasos concretos, por fin la realidad se anteponía a cualquier idealismo y era en el momento preciso, en la coyuntura, en que todas las fuerzas se preparaban para lanzarse al asalto de la fortaleza enemiga.

¿Un grito de júbilo? ¿Una ráfaga de fuego por semejante logro? ¡Nada de eso! La clandestinidad no admite ese tipo de manifestaciones; quizás la mejor medida fue comprometernos a trabajar lo mejor posible para cristalizar en hecho práctico la unidad, porque  la  intensidad  del  trabajo  obliga  al  militante  revolucionario  a ser frío en la apreciación de las cosas y a no permitirse debilidades. Después vinieron todas las tareas encaminadas a resaltar la  elaboración  de  los  acuerdos,  los  esfuerzos  de  los  dirigentes  y  combatientes  caídos  en  este  logro  histórico.  Inmediatamente  se  procedió  a  informarle,  a  las  milicias,  las  bases  de  la  unidad  y  a  difundir el pronunciamiento que anunciaba la reunificación del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Al  fracaso  de  la  mediación  seguían  las  maniobras  de  la  reacción,  de  los  círculos  del  imperialismo,  por  encontrarle  una  salida  a  la  situación de crisis aguda de la dictadura.  El golpe de estado para implantar “un somocismo sin Somoza” comenzó a revolotear en la mente siniestra de aquellos que aún persistían en seguir detentan-do el poder.  Para algunas organizaciones, esto del golpe de Estado, podría ser una fantasía; el sandinismo no lo tomó de esta manera, particularmente porque ya conocía en carne propia el contenido y los alcances de las maniobras imperialista y por lo mismo, se dispuso a tomar medidas inmediatas para preparar al pueblo.

La  Coordinación  Sandinista  Nacional,  al  mismo  tiempo  que  tomó  en  cuenta  la  importancia  de  difundir  el  contenido  de  la  unidad, previó la posibilidad del golpe de Estado disponiéndose enteramente a levantar el país si tal plan se cumplía, pero de antemano,  uno  de  sus  primeros  pasos  fue  denunciarlo  públicamente ante nuestro pueblo. El FSLN estaba decidido a hacer fracasar  esta  maniobra  y  en  tal  sentido,  la  orientación  interna  era pasar a la ofensiva militar apenas se dieran las primeras señales  del  golpe,  no  obstante  de  antemano  se  haría  el  esfuerzo  político de paralizarlo con la actividad de las masas (…)

Todas las organizaciones de masas creadas por el sandinismo comenzaron a movilizarse, el pueblo entero comenzó a hacerlo ante la mirada escéptica de otra organización que se negaba a aceptar que ciertamente en Nicaragua se estaba gestando un golpe de Estado para salirle al paso a las aspiraciones populares de derrocar revolucionariamente a la dictadura. Lo cierto fue que con toda la actividad política generada se logró enterrar las  pretensiones  golpistas  y  el  Frente  Sandinista  de  Liberación  Nacional pudo seguir en su labor paciente de preparar todas las condiciones para la INSURRECCIÓN FINAL.

Puedes leer el libro completo en su versión electrónica, que fue publicada en 2013 por la Asamblea Nacional, aquí:

http://studylib.es/doc/8601332/un-pueblo-en-armas—asamblea-nacional-de-nicaragua

Introducción e investigación documental: Cecilia Costa

Elaborado por: Barricada

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